José Gálvez (Expresident de la UE Cornellà)
El día 25 de agosto fue un día triste. Se fue sin avisar a nadie, como el vuelo del ave: “Gaviota”, el seudónimo que adoptó para firmar sus muchas poesías. Sí, una vida tan intensa dejó de existir. El día 26, cuando me lo dijeron, me sentí muy mal y confuso; me costaba aceptar que Fermín Casquete Álvarez, “Gaviota”, mi amigo y compañero de mil batallas, el maestro de imposibles y sabio planificador, se había ido.
Alguna vez me pregunté: ¿por qué Fermín había elegido el seudónimo de “Gaviota” para sus escritos poéticos? Ahora creo saberlo. Su vida y su forma de ser se parecían mucho a esa especie de ave. Las gaviotas son animales astutos, leales, muy familiares y portadores de esperanza. Algo de todo ello era Fermín: la gaviota, antes de actuar, mira a ambos lados, eleva el vuelo para ver con mayor perspectiva y actúa. Su amor a su numerosa familia -era el hijo de 11 hermanos- y la felicidad de los suyos era su principal deseo; como las gaviotas, el amor y respeto a su compañera era para siempre. Las gaviotas son aves costeras, pero cuando falta la comida suelen marchar y anidar en grandes ciudades cerca de la costa para asegurar el alimento. Eso hizo Fermín con su familia, asentándose en una gran ciudad costera. Sabía como nadie animar y convencer a la gente; sabía imprimir esperanza y fe en los proyectos. Era como cuando los náufragos avistaban gaviotas.
Fermín, como los grandes hombres, tenía muchas otras virtudes: se comprometió y luchó siempre contra los abusos y a favor de los más débiles. Arriesgó su vida y su puesto de trabajo en un mundo represivo contra el franquismo y la injusticia. Fue capaz de levantar y salvar muchos puestos de trabajo, creando una gran empresa de trabajo social que los antiguos empresarios habían dejado caer.
Su otra gran pasión era el fútbol, donde hizo casi de todo. Al igual que en la empresa, asumió toda la responsabilidad llevando a lo más alto, en las categorías en las que participó, a un histórico y agónico club de su ciudad. Y, por si fuera poco, capitaneó como el gran timonel organizativo el movimiento que llevó a la presidencia federativa a Jordi Roche, con el objetivo de cambiar las viejas estructuras de la FCF. No pudo ser como él quería, pero algo se hizo.
Pues nada más, querido Fermín. Echaré de menos nuestras charlas, tus vivencias y tus sabios consejos. Si pudieras contestarme a este escrito, seguro que me dirías: “Pepe, no me zalamelés y ponte en marcha. ¿Cómo está aquel asunto que te encargué…?”

















