El propietario también tiene miedo de alquilar

Claudi Huguet

Claudi Huguet

Delegat Territorial de l’APEI Barcelona-Barcelonès i Baix Llobregat

Hay una realidad del mercado del alquiler de la que hablamos poco: hay propietarios que tienen miedo de alquilar su vivienda.

Y no necesariamente son grandes propietarios ni grandes inversores. Muchas veces hablamos de personas normales que, después de muchos años trabajando, han conseguido comprar uno o dos pisos. Han ido formando un pequeño patrimonio pensando en el futuro, quizá en su jubilación.

Para ellos, ese piso no es simplemente una inversión.

Es el resultado de toda una vida de esfuerzo.

Y hoy algunos propietarios tienen dudas antes de ponerlo en alquiler.

¿Y si el inquilino deja de pagar?

¿Y si después resulta complicado recuperar la vivienda?

¿Y si la situación económica del inquilino cambia?

¿Y si, además, la normativa hace que el propietario tenga dificultades para recuperar su vivienda?

Son preguntas que escuchamos cada vez más en las agencias inmobiliarias.

La legislación busca proteger a las personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, y esa protección tiene una finalidad social evidente. Pero también creo que debemos ser capaces de hablar de la otra parte: el pequeño propietario también puede encontrarse en una situación de vulnerabilidad económica.

Porque detrás de una vivienda alquilada no siempre hay una gran empresa.

A veces hay una persona de 65, 70 o 75 años que tiene un piso y que cuenta con ese alquiler para complementar su pensión.

Por eso, desde mi experiencia profesional, siempre intento trasladar un mensaje muy sencillo a los propietarios:

No busquemos solamente un inquilino. Busquemos una buena persona.

Una persona responsable.

Una persona que cuide la vivienda.

Una persona que valore que alguien le está confiando su patrimonio.

Porque cuando encuentras a un buen inquilino, muchas de las preocupaciones desaparecen.

He visto muchísimas veces cómo un propietario empieza una operación con miedo y termina diciendo: «He tenido mucha suerte con el inquilino».

Y probablemente ahí está una parte importante de la solución.

No se trata de enfrentarnos propietarios contra inquilinos.

Se trata de recuperar algo que en cualquier relación contractual debería ser fundamental: la confianza.

También ha cambiado la manera de buscar vivienda. El mercado está mucho más profesionalizado y, en muchos casos, quien busca un alquiler termina recurriendo a las agencias inmobiliarias para conocer las viviendas disponibles y conocer los requisitos de cada operación.

Por eso, a quien esté buscando una vivienda de alquiler le daría un consejo muy sencillo: acércate a las agencias de tu zona, deja tus datos, explica quién eres, cuál es tu situación y qué vivienda estás buscando.

Porque detrás de una vivienda no hay solamente un precio.

Hay un propietario que necesita sentirse tranquilo.

Y detrás de un alquiler tampoco debería haber solamente un contrato.

Debería haber dos personas que cumplen sus compromisos.

Quizá hemos hablado demasiado de los derechos de unos y de los derechos de otros, y demasiado poco de algo mucho más sencillo: que un buen propietario y un buen inquilino pueden hacer que un alquiler funcione perfectamente.

Al final, el mercado inmobiliario no lo forman solamente las leyes, los índices y los contratos.

Lo forman las personas.

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