El talento no tiene fecha de caducidad

Fernando Moya, president del PP a Viladecans

Fernando Moya

President del PP de Viladecans

Los partidos políticos deben abrir sus puertas a los jóvenes, ofrecerles oportunidades y facilitar que asuman responsabilidades. Lo considero necesario y lo defiendo. Pero impulsar a una generación no debería exigir apartar a otra, ni convertir la fecha de nacimiento en el principal criterio para decidir quién sirve y quién ha dejado de servir.

Me preocupa una manera de entender la renovación política que confunde rejuvenecer las listas con mejorar los equipos. Cambiar caras puede renovar una fotografía, pero no garantiza una mejor gestión. Para eso hacen falta capacidad, preparación, criterio y compromiso. Y ninguna de esas cualidades se acredita simplemente enseñando el DNI.

Resulta especialmente contradictorio defender la meritocracia y, al elegir a las personas que ocuparán puestos de responsabilidad, relegar los méritos a un segundo plano para dar prioridad a la edad. Si creemos que deben asumir responsabilidades quienes estén mejor preparados, debemos aplicar ese principio con coherencia, también cuando la persona más adecuada ya no pueda presentarse como una joven promesa.

La juventud merece oportunidades, pero no constituye por sí sola una acreditación de competencia. Del mismo modo, acumular años tampoco garantiza haber adquirido buen juicio ni concede un derecho indefinido a permanecer en un cargo. Hay jóvenes con una preparación excelente y personas veteranas que han dejado de aportar. Precisamente por eso hay que evaluar a cada cual por lo que sabe, por lo que hace y por lo que puede ofrecer.

La experiencia tiene un valor que sería irresponsable despreciar. Haber afrontado problemas, negociado acuerdos, escuchado a los ciudadanos y respondido por decisiones difíciles proporciona un conocimiento que no se improvisa. También se aprende de los errores, de las iniciativas que no funcionaron y de las consecuencias que nadie había previsto. Prescindir de ese aprendizaje únicamente por una cuestión de edad supone desperdiciar un recurso útil para todos.

En política, además, la falta de preparación tiene consecuencias que van mucho más allá de quien ocupa el cargo. Una decisión mal estudiada puede comprometer recursos públicos, retrasar una solución o perjudicar un servicio. Por eso, al asignar responsabilidades, la pregunta debe ser qué capacidad tiene esa persona para ejercerlas. La imagen de renovación nunca debería bastar como respuesta.

Quienes tenemos más recorrido debemos facilitar la incorporación de nuevas generaciones, compartir lo aprendido y aceptar que otras personas puedan hacerlo mejor. Eso exige generosidad y también humildad. Pero transmitir conocimientos necesita espacios de colaboración y tiempo para trabajar juntos. Difícilmente puede aprovecharse la experiencia de alguien a quien se aparta antes de permitirle compartirla.

Los equipos pueden ganar mucho cuando combinan perspectivas distintas. Una persona joven puede aportar nuevas ideas, preparación y una lectura diferente de los problemas. Una persona veterana puede ofrecer memoria, criterio y conocimiento de la realidad. Ambas deben tener la oportunidad de demostrar su valía, sin que su edad se utilice como ventaja automática o como motivo de exclusión.

Defiendo una renovación que mejore la política y que se pueda explicar con razones: capacidad demostrada, trabajo, compromiso y resultados. Esos criterios deben servir tanto para incorporar a alguien como para decidir un relevo.

Abramos paso a la juventud y aprovechemos el talento de quienes llevan años trabajando. Exijamos a todos preparación, honestidad y voluntad de servicio. La fecha de nacimiento nos dice cuántos años tiene una persona; para saber si merece una responsabilidad política, hace falta conocer bastante más.

Sin despreciar para nada a la juventud y sólo dirigido a quienes toman este tipo de decisiones, y como nota de humor, si sólo se evalúa la juventud como mérito para eliminar de un plumazo la experiencia acumulada puede ocurrir, como dice el refrán “quien se acuesta con niños amanece mojado”. Pero tranquilos que la juventud es una “enfermedad” que se cura con el tiempo.

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